Cuando hablamos de salud pancreática, dos enzimas destacan: amilasa y lipasa. Son marcadores fundamentales en los estudios clínicos para evaluar el funcionamiento del páncreas exocrino. En este artículo explico qué son, cómo funcionan, por qué se miden y qué significan sus alteraciones.
¿Qué son la amilasa y la lipasa?
La amilasa es una enzima que descompone carbohidratos complejos (como almidón y glucógeno) en azúcares más simples. Se produce principalmente en el páncreas y en las glándulas salivales.
La lipasa actúa sobre las grasas: transforma triglicéridos en ácidos grasos y monoglicéridos para que puedan ser absorbidos por el intestino.
Ambas funcionan como instrumentos de medición indirecta de la salud del páncreas: cuando el tejido pancreático está dañado o inflamado, estas enzimas pueden liberarse hacia la sangre y elevar sus concentraciones plasmáticas.
Papel en la fisiología pancreática
El páncreas exocrino secreta enzimas digestivas inactivas (zimógenos) hacia el duodeno para degradar grasas, proteínas y carbohidratos. Gracias a la colipasa, la lipasa se activa eficazmente en el intestino en presencia de sales biliares, optimizando la digestión lipídica.
La amilasa se une a carbohidratos y los fragmenta en moléculas más pequeñas que el intestino puede absorber. En condiciones normales, apenas una pequeña cantidad de estas enzimas circula en la sangre, dado que cumplen su función localmente en el intestino.

¿Por qué medir amilasa y lipasa?
Las pruebas de sangre para amilasa y lipasa son útiles para:
- Diagnosticar pancreatitis aguda, una inflamación repentina del páncreas
- Distinguir entre distintos trastornos abdominales (dolor abdominal, náuseas)
- Monitorear la evolución o el tratamiento de enfermedades pancreáticas
- Evaluar la integridad funcional del páncreas cuando hay síntomas digestivos crónicos
Un valor muy elevado de lipasa es altamente sugestivo de lesión pancreática activa. La amilasa también suele elevarse, aunque puede verse afectada por otras condiciones no pancreáticas.
Interpretación de los resultados
Elevación de amilasa y lipasa
- Suele indicar pancreatitis aguda: el daño celular libera grandes cantidades al torrente sanguíneo
- Obstrucción del conducto pancreático (por cálculos biliares, tumor)
- Trastornos biliares o infecciones abdominales que afectan al páncreas
Casos de lipasa alta con amilasa normal
Puede darse en etapas más tardías de pancreatitis o en lesiones aisladas que afectan preferentemente la lipasa.
Niveles bajos
Cuando hay daño crónico al páncreas, tejido cicatricial o pérdida funcional, ambas enzimas pueden disminuir. También puede suceder en ciertos trastornos pancreáticos crónicos o fibrosis pancreática.
Síntomas relacionados con alteraciones en estas enzimas
Cuando algo no va bien en el páncreas, puedes experimentar:
- Dolor abdominal intenso, a veces irradiado hacia la espalda
- Náuseas y vómitos persistentes
- Distensión, digestión pesada o síntomas de malabsorción
- Pérdida de peso sin explicación aparente
Frente a estos síntomas, las pruebas de amilasa y lipasa ayudan a orientar el diagnóstico.
Cómo mejorar el “control del páncreas” desde el estilo de vida
Aunque no todas las causas son modificables, algunas acciones ayudan a prevenir o mitigar la carga sobre el páncreas:
- Evitar el consumo excesivo de alcohol
- Mantener niveles de triglicéridos en rango saludable
- Seguir una dieta equilibrada, moderada en grasas, con buena ingesta de fibra
- Consultar al médico ante síntomas digestivos persistentes
Conclusión
La medición de amilasa y lipasa es esencial para evaluar la función y salud del páncreas. Sus variaciones pueden revelar inflamaciones agudas, obstrucciones, daño crónico u otras patologías digestivas. Conocer cómo funcionan y qué implican estos marcadores te permite interpretar mejor los resultados de laboratorio y entender cuándo se requiere una intervención médica.


